viernes, 10 de junio de 2011

Tribuna municipal: El nudo invisible

Los padrinos de la globalización económica y financiera, desde Reagan hasta G. Bush junior pasando por su padre y G. Clinton, dejaron un legado cuyo argumento era extender la prosperidad económica en todo el mundo, pero que solo ha favorecido a potenciar el capitalismo más duro y cruel, representado por ese conglomerado abstracto que llamamos "los mercados".
Los mercados, con sus estrictas reglas del juego, son el eje de la globalización económica. El eslogan con el que han cautivado a las dos orillas políticas es la creación de riqueza y empleo como base de la estabilidad social.
Pero en realidad, la base de la riqueza se ha construido para unos pocos grupos de poder como son la banca y el petróleo entre otros, y las multinacionales que los gestionan. El control de las materias primas (petróleo, gas) y de los alimentos básicos (cereales) es utilizado especulativamente por el capital sin ningún tipo de escrúpulo. Pero ya lo sabemos, no es nada nuevo.
La gran crisis financiera, que asoma en 2007 y estalla en 2008, llevaba incubándose en EEUU desde principios de la pasada década y fue denunciada por Confidencial 2000 Press en el año 2000 bajo el titulo ‘la enfermedad de la economía americana’, de la que todavía el mundo no se ha recuperado. Es más, ya está asomando una segunda burbuja financiera, como hemos denunciado recientemente, que según expertos es diez veces superior a la de 2008.
Todo se sabía, pero nadie lo dijo hasta que estalló la bomba. Los políticos, pendientes del día a día, cayeron en las redes de los mercados. Así, la política se ha convertido en prisionera de sus "artes". Los Estados y sus instituciones reciben ingentes sumas de dinero con los argumentos comunes de crear riqueza, pero ¿para quién?.
La economía se ha convertido en la biblia sagrada que se ha de adorar, el eje de la vida, una vida de culto al dinero. La globalización económica fue contestada desde el inicio por grupos bautizados por los medios afines y no afines al capital, los "anti sistema". Son los que se manifiestan cada año en las cumbres que celebran los grandes poderes económicos (Davos, G8), donde están representados los países más ricos y, cómo no, los mercados. Cada una de estas cumbres está protegida por un ejército policial. El temor a los "anti sistema" es real.
"Nuestra crisis" ha provocado que la juventud española, indignada, salga pacíficamente a la calle y tome el kilómetro cero de España como símbolo de la protesta. Harta de ser marginada y borrada del mundo laboral, toda una generación -la mejor preparada según nuestro presidente Zapatero- sufre en sus carnes el azote del desempleo y la falta de perspectivas de futuro. El futuro de este movimiento es incierto, los españoles lo aplauden, pero no creen que por las vías actuales solucionen nada.
Y es que en nuestro país está instalado el "cainismo". Patronal y sindicatos no se ponen de acuerdo en el momento crucial por el que atraviesa nuestra economía y el Gobierno no tiene el valor de subir los impuestos para que las cotizaciones de las empresas a la Seguridad Social sean más razonables. A esto se le une el estrangulamiento del crédito, por lo que los empresarios se ahogan y los trabajadores se van al paro. Con todo esto, el Estado de Bienestar está en el punto de mira.
Simultáneamente, los mercados golpean a los países deudores con la complicidad de las agencias calificadoras, que utilizan la"guillotina" de las primas de riesgo exigiendo a los Estados que saneen sus finanzas al coste que sea necesario, es decir, recortes y más recortes. No olvidamos, con este conocido panorama, que no se puede vivir por encima de las posibilidades reales, como tampoco olvidamos el conocido dicho del "bizcocho a la puerta de un colegio". De todo esto hemos tenido que aprender algo, la pregunta es si los que han hecho el nudo, así como cómo sus consentidores, seremos capaces de deshacerlo.