viernes, 4 de marzo de 2011

Tribuna municipal: Otro buen ejemplo alemán

Hace ya más de 40 años, el entonces canciller alemán Willy Brandt dimitió porque uno de sus secretarios resultó ser un espía de la antigua República Democrática de Alemania (RDA). Estos días hemos sabido que, también en Alemania, ha dimitido el ministro de Defensa y hombre fuerte del Gobierno de Merkel, Karl-Theodor zu Guttenberg, por plagiar su tesis doctoral. Todo un ejemplo de pulcritud política con el que también Alemania da una lección.
Por qué será que nuestros políticos no aprenden, esos que se agarran al sillón como en el caso del presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, que pasará tristemente a la historia por vestir trajes hechos a medida pagados por una trama corrupta que ha embadurnado a un buen número de políticos que todos conocemos, estando muchos de ellos imputados y procesados.
Lo peor es que su partido le protege y carga contra la policía y el sistema judicial por investigarle. La corrupción, en general, es sin duda uno de los problemas más graves de la democracia, su cáncer más arraigado. Grave es también que alguien vote a un corrupto, ni la sociedad valenciana ni la española se merecen este insulto. Una vez más, la democracia es ultrajada, en este caso por un presidente de una comunidad autónoma, que en estos días ha sido ratificado por su partido para volver a ser el presidente de la comunidad
Nuestra joven democracia, a sus 30 años de edad, no ha logrado vencer a las viejas y malas costumbres. Ningún demócrata puede mirar a otro lado cuando surgen estos casos de corrupción. Lo peor de todo es que Camps piensa que muchos millones de españoles le quieren pero está muy equivocado. No le quieren ni en su partido y así se demostró en su acto de candidatura, al que no acudió ningún representante de Génova. Yendo más allá, este asunto es una de las causas por las que la valoración de Rajoy es tan baja, más incluso que la del propio presidente Zapatero, con la que le está cayendo.
Hay que acabar con estos negros sucesos o nunca seremos una democracia de primera. También en el tren de la calidad democrática viajamos en los últimos vagones. La sociedad debería decir basta y exigir a los políticos responsabilidad y honestidad, virtudes que se deberían dar por supuestas en una carrera que ante todo representa vocación de servicio al ciudadano. Lamentablemente, todos los arroces tienen granos duros.