La sala municipal El Torco inaugura el próximo sábado, a partir de las 19.00 horas, la exposición titulada "Del otro lado de la puerta", de Luis Cabrera.La coordinadora de la sala Cristina Lobeto nos acerca a la obra de este creador a través de la palabra bajo el título Alicias en el País de lo Cotidiano.
"Del otro lado de la puerta” es levantarse cada mañana y repetir los mismos gestos, a través de los diferentes objetos y aparatos que conforman nuestra cotidianeidad, convertiéndonos así en Alicias en el País de lo Cotidiano, mediante la búsqueda de un universo mágico y escondido en un mundo paralelo. Hasta él nos transporta Luis, mediante la reflexión sobre los diferentes planos de los aparatos electrodomésticos, admirando detenidamente su exterior (nevera cerrada), ahondando curiosamente en su interior (nevera abierta), ó yendo incluso más allá, analizando piezas y funciones que mediante un manual de instrucciones científico y mecánico nos conduce hasta la belleza de las líneas, colores y texturas de la modernidad que nos rodea y conquista nuestro ojo adaptado ya a un siglo XXI, en el que un microondas, una batidora o una lavadora son piezas comunes que no nos llevan a la sorpresa, mucho menos a la fascinación.
Luis Cabrera rompe aquí esa mirada acomodada, mediante el impacto de imágenes sencillas, tanto que uno siente reconocer en ellas a su propia cafetera, esa que acaricia todas las mañanas, o a su lavadora, que tanto le fastidia tener que llenar y programar. Rompe además esa cadena de sensaciones asepticas, con elementos que llenan de vida el metal, el acero, lo blanco, lo gris, la línea negra e inequívocamente recta.
El color de las frutas en la batidora, la mancha roja de tomate llena de pasión, los tickets con los puntos acumulados en el supermercado colgados en la puerta de la nevera, y esa fotografía en el parque de John Lennon en la Habana, llena de luz, de calor, de olores y de recuerdos, que Luis seguro mira cada día que saca algo para comer de la nevera como para no olvidar el punto de partida de un viaje que un día inició.
Una explosión de los sentidos, todos activados en este lado de la puerta en el que ahora Cabrera nos ha puesto, y del que cuesta marcharse, porque es una invitación a la reflexión sobre uno mismo, a viajar en el difícil encuentro de nuestros propios sentimientos que se encuentran escondidos entre estos cuadros de aparente simplicidad, pero de extraño magnetismo, porque preguntarse sobre uno mismo es siempre, como la misma obra de Luis Cabrera, lo más complicado, como lo más sencillo.
Es por tanto esta serie un auténtico autorretrato en el que el artista se muestra sin tapujos, de igual a igual con su espectador, en una dulce y extrema confesión a cerca de sus hábitos y preferencias, en un desnudo total que exterioriza todo aquello que conforma su más íntimo universo. ¿Será que Luis Cabrera ha querido hablar, al igual que otras grandes artistas como Frida Khalo, Emilie Dickinson o de su compatriota Dulce María Loynaz, por citar algunos ejemplos, de ese mundo inmediato y frecuente, y así, hablarnos de él mismo?.
No por tratar “temas cotidianos” el tratamiento y su profundidad es menos interesante, enriquecedor y profundo, como demuestra aquí Cabrera que con la representación personalizada de los objetos que rodean al artista, trata de establecer un vinculo con el espectador para recordarle que sus propios artefactos domésticos son comunes a los de cualquier persona, y de esta manera compartir una cómplice rutina cotidiana.
Del Otro Lado de la Puerta rinde homenaje a la Gráfica, a esa manera especial que tiene todo artista que se ha formado en el mundo de la imagen múltiple. Es un estudio lejos de la ironía típica en Luis Cabrera, tal vez sustituida ésta vez por la seriedad que requiere un balance de vida que bajo la sabia madurez nos invita a vivir de una manera más intensa.
"Del otro lado de la puerta” es levantarse cada mañana y repetir los mismos gestos, a través de los diferentes objetos y aparatos que conforman nuestra cotidianeidad, convertiéndonos así en Alicias en el País de lo Cotidiano, mediante la búsqueda de un universo mágico y escondido en un mundo paralelo. Hasta él nos transporta Luis, mediante la reflexión sobre los diferentes planos de los aparatos electrodomésticos, admirando detenidamente su exterior (nevera cerrada), ahondando curiosamente en su interior (nevera abierta), ó yendo incluso más allá, analizando piezas y funciones que mediante un manual de instrucciones científico y mecánico nos conduce hasta la belleza de las líneas, colores y texturas de la modernidad que nos rodea y conquista nuestro ojo adaptado ya a un siglo XXI, en el que un microondas, una batidora o una lavadora son piezas comunes que no nos llevan a la sorpresa, mucho menos a la fascinación.
Luis Cabrera rompe aquí esa mirada acomodada, mediante el impacto de imágenes sencillas, tanto que uno siente reconocer en ellas a su propia cafetera, esa que acaricia todas las mañanas, o a su lavadora, que tanto le fastidia tener que llenar y programar. Rompe además esa cadena de sensaciones asepticas, con elementos que llenan de vida el metal, el acero, lo blanco, lo gris, la línea negra e inequívocamente recta.
El color de las frutas en la batidora, la mancha roja de tomate llena de pasión, los tickets con los puntos acumulados en el supermercado colgados en la puerta de la nevera, y esa fotografía en el parque de John Lennon en la Habana, llena de luz, de calor, de olores y de recuerdos, que Luis seguro mira cada día que saca algo para comer de la nevera como para no olvidar el punto de partida de un viaje que un día inició.
Una explosión de los sentidos, todos activados en este lado de la puerta en el que ahora Cabrera nos ha puesto, y del que cuesta marcharse, porque es una invitación a la reflexión sobre uno mismo, a viajar en el difícil encuentro de nuestros propios sentimientos que se encuentran escondidos entre estos cuadros de aparente simplicidad, pero de extraño magnetismo, porque preguntarse sobre uno mismo es siempre, como la misma obra de Luis Cabrera, lo más complicado, como lo más sencillo.
Es por tanto esta serie un auténtico autorretrato en el que el artista se muestra sin tapujos, de igual a igual con su espectador, en una dulce y extrema confesión a cerca de sus hábitos y preferencias, en un desnudo total que exterioriza todo aquello que conforma su más íntimo universo. ¿Será que Luis Cabrera ha querido hablar, al igual que otras grandes artistas como Frida Khalo, Emilie Dickinson o de su compatriota Dulce María Loynaz, por citar algunos ejemplos, de ese mundo inmediato y frecuente, y así, hablarnos de él mismo?.
No por tratar “temas cotidianos” el tratamiento y su profundidad es menos interesante, enriquecedor y profundo, como demuestra aquí Cabrera que con la representación personalizada de los objetos que rodean al artista, trata de establecer un vinculo con el espectador para recordarle que sus propios artefactos domésticos son comunes a los de cualquier persona, y de esta manera compartir una cómplice rutina cotidiana.
Del Otro Lado de la Puerta rinde homenaje a la Gráfica, a esa manera especial que tiene todo artista que se ha formado en el mundo de la imagen múltiple. Es un estudio lejos de la ironía típica en Luis Cabrera, tal vez sustituida ésta vez por la seriedad que requiere un balance de vida que bajo la sabia madurez nos invita a vivir de una manera más intensa.


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