Vecinos escolarizados en las escuelas de Requejada durante los años 50 y 60, bajo la labor docente de D. Maximiliano Montero Romero, han decidido tener un encuentro de hermandad para dar suelta a los recuerdos de infancia cargados de nostalgia que aliñaron y configuraron la base de su formación humana y académica.Muchos años han transcurrido desde aquellos pupitres con tinteros incorporados, libretas caligráficas, catones y libros de Alvarez. Son muchos los años desde aquellos juegos de patio con las canicas y el “gua”, la peonza y las chapas; rodillas costrosas y mocos mangueaos en los puños del jersey; de la penitente e impertinente vara, siempre recia y en ristre, dispuesta a caer sobre la mano extendida, la testa o al encuentro de las nalgas que se adentraban formando una curvatura menguante de las piernas y, por supuesto de las historias de la historia, los números y otros conocimientos que iban poco a poco fraguando en el entendimiento.
A pesar de hacer muchos años de aquellas vivencias infantiles hoy, se quiere rememorar aquellas andanzas junto a otras en edades más tardías pues, juntos, compartiendo trastadas, ilusiones, alegrías y tristezas, nutrieron y fortalecieron unos vínculos de pertenencia, férreos y perdurables que han superado algunos distanciamientos físicos posteriores.
Va a ser precisamente desde la distancia física de donde surge la idea del reencuentro. Esteban, Jeromo y Pepin el de Goria, los tres residentes en Torrelavega, en uno de sus blanqueados encuentros en el bar Chema, comienzan a gestar la idea y a comenzar los preparativos consiguiendo aglutinar a cincuenta y nueve de aquellos niños de los que la mayor parte continúan residiendo en Requejada.
Una paella, en el barrio, como pretexto y la paellera como testigo, en torno a la cual, entre bocado y bocado de arroz y trago tras trago de vino , se fueron desgajando recuerdos, anécdotas, chuflas y rechiflas, en gran camaradería y con alguna entoná en las que varios poseen hábiles destreza.
Un gran día en el que se quitó veda a la nostalgia y promete repetirse en próximos años en los que piensan sumarse nuevos adeptos y antiguos discípulos.
A pesar de hacer muchos años de aquellas vivencias infantiles hoy, se quiere rememorar aquellas andanzas junto a otras en edades más tardías pues, juntos, compartiendo trastadas, ilusiones, alegrías y tristezas, nutrieron y fortalecieron unos vínculos de pertenencia, férreos y perdurables que han superado algunos distanciamientos físicos posteriores.
Va a ser precisamente desde la distancia física de donde surge la idea del reencuentro. Esteban, Jeromo y Pepin el de Goria, los tres residentes en Torrelavega, en uno de sus blanqueados encuentros en el bar Chema, comienzan a gestar la idea y a comenzar los preparativos consiguiendo aglutinar a cincuenta y nueve de aquellos niños de los que la mayor parte continúan residiendo en Requejada.
Una paella, en el barrio, como pretexto y la paellera como testigo, en torno a la cual, entre bocado y bocado de arroz y trago tras trago de vino , se fueron desgajando recuerdos, anécdotas, chuflas y rechiflas, en gran camaradería y con alguna entoná en las que varios poseen hábiles destreza.
Un gran día en el que se quitó veda a la nostalgia y promete repetirse en próximos años en los que piensan sumarse nuevos adeptos y antiguos discípulos.


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